Daniel llegaba tarde a la cita acordada con su clienta. Tenia que enseñarle una casa la cual se encontraba aislada del bullicio de la ciudad. Situada arriba de la montaña donde el silencio y la armonía forman parte. Donde se puede escuchar el silencio. Sí, el silencio tiene una música celestial hermosa siempre y cuando la escuches detenidamente.
Silvia que era con quién había quedado. Esperaba sentada en una de las rocas habitables cerca del bosque donde supuestamente estaba la casa. Era una mujer extraordinariamente hermosa, de piel blanca y ojos celeste. Su pelo rubio le llegaba hasta la cintura y era brillante sobre todo cuando el sol le ofrecio sus rayos poderosos. También era una mujer solitaria, por eso se había decantado por una casa aislada de la civilización. Odiaba el ruido de los coches y amaba el cantar de los pájaros al despertar.
Daniel llegó sin fuerzas, a toda prisa, sin apenas poder respirar. Se avergonzaba de lo tarde que llegaba y la espera que tenía que haber hecho
- lo lamento muchísimo, señora Silvia
- No se preocupe...Daniel; y por favor llamemé Silvia, le tranquilizó
Se preguntó cómo sabía su nombre...él todavía no había tenido ocasión de decirselo, aún. No le dió mas vueltas y se apresuro a enseñarle la casa.
- Bueno, si es tan amable de entrar le enseñare cómo es la casa. Le aconsejo que no creo que esté en su mejor estado por dentro, ya que nadie a entrado desde hace bastante tiempo. No a sido habitable, bueno tal vez lo sepa. Esta casa no ha sido habitable desde...
- Sí lo sé; le interrumpió Silvia. Estoy interesada en ella, en esta casa. En el bosque que la rodea.
- ¿Se acuerda?, exclamó Daniel. Perdone mi intromisión pero es que sólo recordar lo que sucedio hace no sé cuántos años...se me pone la piel de gallina, no he vivido en esa época pero no me puedo imaginar que una mujer como usted, Silvia, quiera entrar a vivir en ella o pisar un pie tan siquiera...y eso que yo soy el vendedor y no debería decirle esto; al contrario. Me da escalofríos. Perdona
- Recuerdo que vivieron en ella una familia empezó a relatar Silvia.
- Pero ...¿Cómo lo sabe o puede recordar, acaso vio algún viejo diario dónde lo explicaba?. Daniel la miraba estupecfacto, sin comprender. Pero viendo que ella sí sabía y tal vez más que él mismo lo que en seta casa sucedió...lo que no lograb a entender es que una mujer como ella, sabiendo que tipo de vivienda era y qué había sucedido; una tragedia familiar. Aún tenía el interes por entrar a vivir en ella...
- Sí...prosigiguió Silvia, en un largo suspiro. Sumergiéndose en la historia que sucedió hace ya no se sabe cuánto tiempo.
...Una familia como cualquier otra de otra época de otro tiempo y generación. Pero igualmente era la de un matrimonio que tenian en común una hija de cinco años de edad. Aún existe detrás de la casa entre los arbustos, un bosque denso y oscuro donde hay un manantial de agua cristalina. Allí es donde sucedió la tragedia: la niña un día se adentró sola de noche sin avisar a sus padres, sin saber que nunca volverí a verlos...Al día siguiente la hayaron en el prrofundo manantial, se había ahogado ; no sabía nadar.
De la desesperación, la madre tras unos meses de sufrimiento y sinvivir se fue tras ella ahogándose como una hoja. Dejándo atrás todo lo demás para unirse con su hija.
- Silencio -
Daniel se encontraba pálido y le temblaban las manos. No podía creer que de los labios de esa hermosa mujer surgieran esas terribles pero ciertas palabras; hechos de hace años. Al mirarla a los ojos solo pudo ver unos ojos celeste de mirada ausente. Silvia percibió su miedo y al girarse, en un susurro le confesó:
- Yo soy la madre.
Había empezado a oscurecer y de entre los arboles emergieron unas difuminadas criaturas, seres muy parececidas a ella. Hombres, mujeres y niños. Y una niña de pelo lacio y rubio se apeoó a ella diciendo: mamá.
Daniel tras un intento de huir...Silvia le cojio la mano y mirándole a los ojos le dijo: El Bosque de las Almas Perdidas existe y está aquí. Somos seres como los humanos pero que no hemos podido llegar a transpasar el camino de la luz y nos hemos quedado aquí como almas errantes.
He tocado tu alma, Daniel: Prometeme que guardarás el secreto o sino, nadie te va a creer, igualmente.
Y todas ellas se esfumaron. dejando el Bosque en un profundo silencio, Daniel aterrado salió de allí. Nade le creería.