El Ático I

El Ático I

Hace muchos años atrás en el tiempo, existió una escuela habitada por monjas que sólo aceptaban enseñar a las niñas. En aquéllos tiempos los niños y las niñas estudiaban en diferentes escuelas ya que cada escuela enseñaba diferentes modalidades en el caso del coser por ejemplo; en los colegios de niñas había a parte de la enseñanza básica, estaban las clases de cocina, de costura, y de modalidades que les sirvieran de ejemplo para en el futuro convertirse en chicas bien educadas. Lo mismo que en los colegios donde estaban los chicos. Allí impartían clases cómo el deporte en sí, la defensa y otras modalidades para en un futuro ser dignos hombres. 

Pero no todos podían permitirse el lujo de poder estudiar en colegios cómo aquéllos. Los que no podían permitirselo se dedicaban a ayudar a sus padres en el trabajo para poder así seguir el oficio que sus padres les enseñaban desde pequeños. Y a las niñas a comportarse como tal, el día de mañana que consiguieran esposo y ser así futuras mujeres dedicadas al hogar y a los niños.

De entre todas las escuelas, había una en especial que destacaba por sus grandes muros y su grandiosidad. Impactaba al verla. Había muchas ventanas de tres o cuatro edificios y un quinto que era el ático. Allí estudiaban las niñas, las cuales venían de familias adineradas. Michele pertenecía  a una de ellas...

Michele siempre había sido una niña con gran curiosidad y con muchas ganas de jugar y sobre todo hacer amigos. Posee la virtud de que podía entablar conversación con cualquiera y enseguida hacer amigas, también le gustaba la naturaleza, el estar al aire libre, sentir cómo la brisa del viento te transporta a imaginar a fantasear a sentirte libre tirandose en la yerba verde. Al matricularla en el colegio su expresión de alegría cambió...ver esos muros tan altos de color gris. Notar que esas ventanas cerradas no te dejaban respirar y sin faltar ni mucho menos lo extrictas que parecían las profesoras con sus gafas puestas, estiradas, bien vestidas con su atuendo habitual, rectas, erguidas, con una mirada servera y rígida. Michele notó como la estaban mirando, cómo la miraban de arriba a abajo como dando su aprobación para entrar en aquél colegio que a ella le resultaba horroroso...¿Dónde se podía respirar? Si todo estaba cerrado con llave y no había color en las habitaciones. Y tener que quedarse interna como las demas niñas que habiá le resultaba agobiante.

Mientras sus padres hablaban con la directora...Michele alzó la vista hasta llegar a ver el ático. El último de los pisos de los que se componía el colegio. Se quedó mirándolo fijamente atraída como si de un imán se tratara...¿Quien viviría allí?. Sus ojos azules escudriñaron bien hasta arriba hasta donde podía alcanzar la vista y finalmente cuando la bajó para girarse y ver de que hablaban sus padres, notó una presencia. Volvió a ver el ático y del él vió una silueta...Alguién también la observaba, ¿Quien?

- La enseñanza de este colegio es fundamental para cualquier niña de su edad...diez me han dicho que tenía

- Sí. Lo que nos preocupa es el cambio de colegio. Nuevos amigos, profesores, ya me entiende...Nosotros que le hemos intentado inculcar una disciplina correcta, queremos lo mejor para ella; dijo su madre

- No se preocupe aquí estará bien y le enseñaremos todo cuanto debe saber y las demas compañeras son igual que ella. Se harán enseguida amiguitas...la pondremos en la habitación del cuarto piso con Amelie que será su compañera de dormitorio. Es una niña muy disciplinada y curiosa y repeta mucho las cosas y obediente. De hecho es una de mejores alumnas que tenemos, de momento. No tienen que preocuparse por nada. 

- Oh, Cuanto se lo agredecemos! y girandose hacia su hija le dijo: Michele, aquí estarás bien y vendremos a visitarte a menudo. Aprenderás muchas cosas y te sentirás muy bien con las demas niñas que son muy educadas y refinadas.

Michele se quedó mirando a su madre con cara de pocos amigos. La estaban internando en un colegio nuevo con ventanas cerradas y sin color y encima tenía que sonreír como una niña buena..pues no. Sus padres le dieron dos besos de despedida y vió como se alejaban, dejándola allí sola en un sitio que era un colegio semejante a la de un ca carcel, junto a una directora que tenía pinta de ser una mujer autoritaria y extricta. 

Cogió su maleta y volvió a mirar hacía arriba. Algo le decía de que no eran imaginaciones suyas cuando había visto reflejarse una silueta. La voz de la Directora la despertó de sus pensamientos.

- Qué! preparada para conocer tu habitación y a tu compañera, Amelie. Estoy segura que haréis os haréis buenas amigas.

- Eh...Sí. Seguro que sí.

- Recuerda es la Planta 4º Num de la habitación 410. Aquí tienes una cópia de las llaves. Y abriendo la puerta se encontraron con la Amelie; la favorita del colegio. Tenia diez años como MIchele. Pero era muy diferente a ella.

- Hola Directora, Ursula. Pase, pase...estaba estudiandod el tema de mañana; dijo, incliánando y haciendo una pequeña reverencia con su minifalda grisácea.

- Oh no, querida. No te preocupes. Venía a presentarte a tu nueva compañera de habitación, Michele.

- Oh!, exclamó. Hola Michele...Me llamo Amelie.

- Hola, dijo Michele tirando en la litera de abajo su mochila, preocupadamente

- Bueno, dijo algo sorprendida la DIrectora, pero dejando pasar por alto el comportamiento que había hecho Michele...Os dejo y ya os iréis conociendo. Buenas noches.

Amelie se quedó observando a Michele, quién no daba hincapié a niguna conversación. El silencio se apoderó de la habitación hasta que Amelie lo interrumpió...

- Si quieres mañana te enseño las instalaciones del colegio y el resto del colegiado. 

- Si no hay mas remedio....

- ¿Cómo dices?. No te entiendo. dijo suavemente alisándose los pliegues de su falda y retirándose el pelo hacia atrás.

- Haber, Amelie. Me han metido en este colegio de niñas refinadas porque mis padres son adinerados como todas las demás, pero la única diferencia es que yo no me considero igual qu vosotras. Me gusta la libertad y no el refinamiento del que poseéis. Eso es lo que me pasa, ¿me he explicado bien?.

Al día siguiente, después de tener la charla de la noche anterior con su compañera, decidió tener una nueva conversación disculpándose. 

Oye..Amelie. Siento haberte hablado de esa manera ayer noche, pero es que me siento impotente. Mis padres me abandondan en un colegio al que yo no quiero asistir. Es como si no fuera mi sitio, no encajo...

Amelie posó una mano sobre la de Michele y le dijo: encajarás. Ya lo verás.

Transcurrió una semana pero Michele no encajaba, no djio nada a nadie pero bastaba ver su semblante y sus pocas ganas de estar allí lo decían todo...le faltaba aire. Respirar otro tipo de ambiente. No le djio nada a Amelie, ella no tenia la culpa, a pesar de todo era su compañera y se habia convertido en su amiga a pesar de no tener sus mismos gustos pero no compartían ni lo harían jamas las mismas aspiraciones. 

Michele, había oído unos ruído en el piso de arriba; el ático y se le ocurrió preguntar a Amelie qué podría ser...

- Oye, Amelie, durante esta semana he oído ruidos de pisadas en el techo...¿acaso vive alguien? Creía que eramos el cuarto era el ultimo piso..

- En el ático vive la mujer de la limpieza con su hijo...

- ¿Hijo?, pregunto ésta, sorprendida.

- Sí, bueno....no se lo digas a nadie pero hace tiempo que la señora de limpieza trabaja aquí. Tuvo un hijo. La directora ya le costó mucho mantener el embarazo en secreto y ansiaba por todos los medios de que diera luz a una niña, pero dió a luz a un varón y como es una escuela de chicas pues ya me entiendes...Desde entonces vive en el ático con su madre, debe de tener diez años como noostras y nunca se le ha visto; jamás. De hecho se nos está prohibido subir.

Michele, escuchaba atentamente, por fin algo interesante en que pensar...un chico escondido para que no sea visto por las chicas. Se quedo pensando para sí misma..su aire aventurero le decia: sube allí y descubre quien se esconde o mejor dicho a quien esconden...

Durante las clases las profesoras notaron que Michele estaba como ausente, pensando en otras cosas, sin atender a las clases. Pero enseguida retomaba el libro y seguía atendiendo, asi que no dieron nada a la directora, quien estaba pendiente de todo lo que sucedía. A veces Michele, notaba que esa escuela parecía más un internado que una escuela en sí....De hecho mas tarde hablando con Amelie se enteró de que la Directora provenía de una horfanato que dirigió antes que esta escuela.

- Cómo lo oyes, Michele! La directora se crío en un horfanato, por eso es tan estricta...parece que lo paso mal en sus tiempos 

- Pero fue directora del mismo sitio donde se crió...

- Más bien profesora, luego paso a ser Directora de esta escuela ya que la directora anterior era muy anciana y pasó a serlo ella, por sus buenas notas y conducta en el colegio se ganó la confianza de la Directora. Lo que nadie sabie era que cuando una vez siendo directora, el rencor que llevaba en su corazón lo depositó en la esctricta conducta que hace que esta escuela se parezca a un horfanato o prisión..como quieras llamarlo.

- Entiendo; dijo Michele, que escuchaba muy atentamente con los ojos abiertos como platos.

Llegó la noche y una tormenta empezaba a prepararse...Michele le costaba dormirse sin pensar en dos cosas que le daban vueltas en la cabeza. Una la de las pisadas que oía de vez en cuando arriba, en el ático y del chico que vivía allí con su madre, la señora de la limpieza..que todavía no había coincidido con ella por los pasillos del colegio. Y ahora la historia que su compañera le había contado acerca de la Directora Ursula. Ya qe Ursula era su nombre. Pero que casi nunca nadie la llamaba por su nombre; sino Directora.

En la escuela practicamente todo estaba establecido por una rutina de horarios. Desde que uno se levantaba hasta que se acostaba y eso empezó a inquietar y a poner nerviosa a Michele, quien no podía más. Una noche en la que Amelie estaba profundamente dormida, Michele se arriesgó y subió al ático que tantas veces y ocasiones tuve de subir pero no lo hizo.

- Toc ,toc... Nada, silencio.

Michele estaba a un paso de darse la vuelta cuando sus ojos se cruzaron con los de un chico de su edad. Era alto, delgado con unas facciones bien proporcionadas y unos ojos del azul cristalino.

- ¿Quien eres? y...¿que haces aquí a estas horas de la noche?; perdona que te interrogue tanto pero es que es la primera vez desde hace mucho tiempo que no veo un rostro, espescialmente a una chica; se ruborizó al instante al decirlo, como si se hubiera equivocado o cometido un error.

- No pasa nada, tan solo que con esta tormenta no podia conciliar el sueño; mi nombre es Michele y estoy en el cuarto piso...precisamente debajo tuyo dijo con una sonrisa en los labios. 

- Mi nombre es Johny. Vivo aquí con mi madre desde hace muchos años. ¿no seras una estudiante? No tienes pinta de serlo...son todas unas estiradas, siempre tan refinadas, además aunque quisiera no me dejarian verlas; soy chico. Mi madre trabaja aqui por eso yo no salgo ya que nací varón, ya me entiendes.

- Pues para sorpresa tuya te voy a convesar que sí soy estudiante hace apenas un mes, aquí. Mis paders me dejaron aquí y ya está. Y sé también que vivias aquí con tu madre...lo siento. No quería meterme donde no me llaman pero es que...no entiende como un chico aunque sea una escuela de chicas no pueda salir. El que seas chico no es una excusa al menos para mi, no me mal interpretes.

- y sabiendo todo esto...¿te has arriesgado tanto a subir aqui? Te van a expulsar. O yo que sé. 

Michele contenia su mirada sin desviarla y mirándolo fijamente le dijo: me gusta la libertad, el aire libre. Sabes si tuviera que decidir en seguir estudiando aquí a poseer la liberdad de irme. Escojería irme. Ahora voy a descansr Johny, pero piensa bien lo que he dicho. Y con un beso fugaz en la mejilla se despidió de él. Prometiendole verlo de nuevo.

A partir de ese día a la medianoche se reunían en el ático en secreto Johny y Michele. Se contaban sus vidas, sus pesares y sus emociones. Empezó entre ellos una amistad grande y poderosa. Johny le contaba cómo fue su infancia desde que llegó al mundo siendo un niño, no fue fácil para él, de hecho las profesoras le prestaban los libros para que éste pudiera estudiar pero eso sí, sin ninguna profesora bajo su mando. Unicamente el tenía que estudiar sin ayuda de nadie. Tenia a a su madre pero siempre estaba atareada en sus quehaceres y limpiando en el colegio. Tampoco no podía huir asi como asi, lo único que tenía era a su madre, y no podia dejarla sola y abandonarla. Por eso se resignaba a pasar horas y horas entre las páginas o mirando al cielo y pidiendo a las estrellas deseos que nunca se cumplian pero la esperanza es lo ultimo que se tiene que perder...Eso se dice.

Y Michele le hablaba de su agobiante infancia entre gente arrogante y superficial que solo amaba hablaba de grandes casas y de objetos valioss que sus maridos les hasbían regalado y un sín fin de tonterias que eso eran para ella. Las valiosas y preciadas cosas se llevan en el corazón, en los sentimientos de uno, no en lo material. Ver en su mundo la competitividad sobre todo en las mujeres y comparando a sus hijos como los mejores al igual que todas de sus cosas que tenían. Un mundo completamente distinto al de Johny pero Michele tenía claras las ideas, saldría de alli para buscar la libertad. 

Trascurrió el tiempo y se fueron enamorando como dos palomas que en diferentes vuelos se encuentran. Amelie un día sospechando de lo que Michele le estaba ocultando le dijo:

- Michele, escondes algo ¿vedad?, ¿acaso no te estaras viendo con él...?

-Amelie, te lo digo a tí, mi mejor amiga dentro de este territorio...Sí, estamos enamorados si es eso lo que tus oídos quieren oír. Nos amamos. Por favor, no se lo digas a nadie...

- Michele, lo siento. No se lo he dicho a a nadie, me creas o no...pero todo el colegio lo sabe. Los rumores se han esparcido por todo el colegio y han llegado a oídos de la Directora.

- Qué!!!

- Lo siento. Te arriesgaste demasiado. Pero eso es cosa tuya, yo no me meto.

Michele sabía que se había metido en un buen lío, pero estaba preocupada por Johny...Tenía que verle, hablar con él de todo lo que había sucedido en el colegio, de los rumores esparcidos y de la decisión que tomaría la Directora. Eso le aterraba. Contaba las horas para reunirse con su amado que transcurrían lentamente. Cuando por fin se reencontraron, Michele vió en los ojos de Johny una mirada dferente, asustadiza por un lado y desesperada por otra...no sabría definirla.

- Johny, tenemos que hablar, le susurro Michele

- Lo sé todo. No es culpa tuya ni mía el que nos amemos. 

Michele no pudo aguantar su llanto y se abrazó a el como nunca lo había hecho. Lo agarró del cuello y temblando le dijo cuanto le queria y que no queria irse sin el. Pero trás decirse cuanto se amaban, de repente la puerta se abrió y una sombra en el umbral apareció: la Directora.

- Michele, veo que ya conoces a Johny...

- Déjala en paz, Directora!, exclamó Johny. 

- Silencio. He llamada a tus padres que estan de camino para llevarte a otra escuela. Están muy disgustados por tu ocmportamiento. Ni medio año has permanecido sin dejar de hacer de la tuyas.

- Directora, Michele y yo nos amamos y no permitiré que se la lleven..¿Ha conido alguna vez el amor, señora Directora?. Lo dudo; dijo Johny con rabia en los ojos. Dudo que una mujer como usted, malvada haya tenido la oportunidad de conocer el amor y de saber que es. Perdí a mi padre cuando dera niño, el amor de mi madre fue lo primero que he tenido hasta ahora. Ahora mi amor es Michele, un amor mucho más fuerte que su maldad.

- Johny, te quiero. 

- Y yo a tí, Michele.

- Basta. Michele tus padres ya estan aquí...Despídete de tu amado.

Los padres de Michele entraron en la estancia y perplejos ante lo que había sucedido, empezaron a criticar a su hija y a recriminarlo por lo que había hecho y por poner su linaje en mal posicionamiento ante los demas. Siempre los demás, eso le fastidiaba a Michele. Mirar por los demas, por su bienestar...y que habia de los sentimientos...

Michele se aferraba a Johny quien de la mano se tenían mutuamente. No se iban soltar, no lograrian separarlos. Tras unos tensos minutos de insultos y de querer separrarlos, la puerta se abrió y una mujer menuda de rostro sencillo surcado por las arrugas de la vez y del duro trabajo apereció y con pasos lentos pero decididos miró a cada uno de arriba a abajo como si los describiera mentalmente.

A continuación habló, derramando una lagrima, como a sabiendas de que algo iba a ocurrir...mirando a Johny dijo:

- Hijo mío, perdí a tu padre sin saber la causa que lo llevó a la muerte. Te tuve a tí, sol de mis soles. Te crié sola con la fuerza de una madre. Trabajé duro para poder tener un techo para los dos, pero ahora te has vuelto mayor y sé que eres muy listo y si te tengo que perder, sera por amor a Michele...Si sé tu nombre y te he visto en ocasiones, a escondidas. Sé que amas a mi hijo y te estoy agradecida por ello. Vayaís a donde vayaís, en el mundo al que huyaís, será un mundo mucho mejor que este. Y acercándos a su hijo le beso en la mejilla y mirando con tristeza a ambos, aprobó la decisión que iban a tomarán.

Fue un instante, apenas unos segundos en los cuales los demás intentaron retenerlos...pero su única vía de escape que tenían era saltar. Mirándose a los ojos mutamente y diciendose que se querian saltaron a la repisa de la ventana y saltaron juntos como dos palomas unidas que tan solo el viento las guiaba por el vuelo correcto. Se fusionaron en una persona. Se abrazaron y escaparon hacia la libertad; la libertad para ellos dos no estaba en este mundo, sino en el otro más allá...